El silencio como semilla de esperanza
En un mundo marcado por la prisa, la polarización y la soledad, el último retiro de nuestra comunidad fue un alto en el camino: un espacio donde el alma recordó su hogar. Bajo el tema “Contemplativos por un mundo más humano”, nos reunimos para sanar la fragmentación, abrazar la esperanza y descubrir que el silencio no es ausencia, sino presencia —de Dios, de nosotros y de las otros.
Estos testimonios, escritos desde el corazón, son un eco de lo vivido. No son solo palabras: son antorchas que iluminan el camino de quienes buscan reconectar con lo esencial. Hoy los compartimos contigo, con la esperanza de que inspiren tu propia travesía hacia la unidad.
Caminando juntas, Por Martha Lucia
*Aún resuenan en mi corazón los momentos que viví en nuestro retiro de meditación y silencio. Fueron dos días de oración, recogimiento y quietud. Un espacio de comunión espiritual que me permitió hacer un alto en el camino, detener el ruido de mi mundo y escuchar —con más claridad— la voz interior que tantas veces dejo en segundo plano. Cada respiración, cada paso lento, cada momento de oración se convirtió en un encuentro conmigo misma y con Dios.
Todo se confabuló para que el retiro fuese muy especial: – La guía virtual del padre Patricio que nos acompañó, nos enseñó, nos cuestionó con claridad y sabiduría… ¡qué hombre tan sabio y luminoso! – La hermosa eucaristía con el padre Sandro que puso el punto final al encuentro y nos llenó el corazón de paz. – La organización amorosa de Elbita que le dio forma y armonía a todo. – La compañía y la presencia física de todas las que estuvimos allá, dispuestas, abiertas y solidarias; generamos una hermosa y delicada cercanía. – Y el sitio… ese clima fresco, los buenos espacios, la comida rica y esa agua de panela con jengibre que reconfortaba el alma.
Gracias por lo vivido, por lo compartido y por seguir caminando juntas este camino de silencio, conciencia y luz.
Martha Lucía Medina
Cuando el silencio se vuelve camino, por Ximena Rueda
Descubrí que el silencio no es la ausencia del ruido, sino la presencia de sonidos que habíamos dejado de escuchar. En ese espacio pausado, donde la noche invita a descansar sin distracciones, pude oír mi propia respiración como un acto de liberación: un intento suave y honesto de aliviar la presión del pecho, de abrazarme, de buscar calor y permitirme simplemente ser.
En ese silencio apareció una voz interior —el comunicador del corazón—, esa presencia íntima que hace latir el ser y ofrece cobijo, ternura y nutrición espiritual. Al desconectarnos del mundo exterior, nos conectamos verdaderamente con nosotros mismos. Fuimos acallando creencias limitantes que nos mantenían estancadas, hasta lograr una reconexión profunda que nos devolvió fuerza, claridad y bienestar. El viaje hacia el interior con Dios fue un encuentro luminoso. Allí, donde la separación se sana y el corazón vuelve a abrirse, descubrimos el amor intrínseco que Jesús nos regala a diario con el milagro de la vida. Comprendimos la importancia del autocuidado, del discernimiento para tomar decisiones oportunas y de cultivar hábitos que nos permitan vivir plenamente en el aquí y en el ahora. Desde esa acción contemplativa nace un silencio distinto: un silencio habitado. Un silencio rodeado de amistad, de miradas sinceras y de presencia compartida. La amistad, entonces, se vuelve camino de libertad, espejo interior y oportunidad para darnos desde lo que somos. Me autocuido, medito, me observo… y entro en silencio. Al final, el recorrido por el laberinto de Chartres se volvió símbolo de todo este proceso. Un peregrinaje espiritual hacia el centro de uno mismo. Sus piedras, amorosamente colocadas —no fijas, no rígidas—, representan la apertura de un camino que honra la diversidad de trayectorias personales. Cada paso dentro del laberinto es una bienvenida: una invitación a reconocernos, valorarnos y formar parte de una comunidad que inspira a ser mejores cada día.
Este retiro hacia el silencio fue, en esencia, un retorno al corazón. Un viaje donde lo profundo se vuelve simple y lo simple, sagrado.
Ximena Rueda
Y ahora… la invitación sigue abierta.
Si estas palabras te movieron algo por dentro,
reserva ya tu lugar para el próximo retiro con la comunidad colombiana o en Bonnevaux porque el silencio siempre está esperando
que regreses a casa.
¡¡Nos vemos allí!!
Con amor, la comunidad contemplativa WCCM Colombia